Por Alberto Lettieri… Existen varias versiones sobre la leyenda mendocina del Futre, pero todas coinciden en algunas características similares: un jinete fantasmagórico, que se aparece sosteniendo su propia cabeza entre las manos, decidido a atropellar o liquidar a quien se interponga en su camino.

Por las similitudes existentes, se cree que se trata de una adaptación de la leyenda de Sleepy Hollow, ampliamente difundida en las últimas décadas a partir de la obra de Washington Irving.

La leyenda del Futre tiene su origen a principios del siglo xx, cuando el ferrocarril se encontraba en pleno proceso de expansión hacia la cordillera.

Muchos de los trabajadores eran inmigrantes europeos, por lo que es de suponer que podrían haber traído y adaptado la original a una situación local. Avala esta hipótesis que se desarrollaron relatos similares en distintos lugares de América, siempre asociados al ferrocarril y la llegada de inmigrantes británicos.

También llama la atención que el Futre se aparezca vestido de etiqueta en la Mendoza del siglo XX. Con la mano izquierda conduce a su caballo, mientras que, con la derecha, sostiene su propia cabeza.

El jinete mendocino es asociado con un empleado de ferrocarril de origen inglés que se encuentra enterrado en el cementerio de la localidad de Uspallata. Su tarea consistía en pagar los jornales de los obreros que tendían las vías del ramal hacia Las Cuevas.

En uno de sus viajes, fue emboscado por ladrones que lo ejecutaron para llevarse el dinero de los jornales. Y también su cabeza…

En algunas versiones se adjudica la autoría del atraco a los propios jornalistas, cansados de los abusos al que los sometía este sujeto. La desaparición de la cabeza se explicaría por algún ajuste de cuentas.

Naturalmente, ninguno de estos argumentos ha podido comprobarse. Sin embargo, a partir de entonces, cuando alguien tiene alguna cuenta pendiente que pagar, en especial con la justicia, la figura del Futre se aparece, fantasmagórica. Por esta razón se asegura que el Futre no debe ser buscado entre los humanos, sino en la conciencia sucia de los delincuentes.

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