1 Matías Pay

Matías Pay

Director Área18

¿Es posible que alguien en su sano juicio decida correr 246 kilómetros en menos de 36 horas, sin dormir, por voluntad propia?

¿Hay algo que motive a una persona a enfrentar la noche al
costado de la ruta 9 solo con una linterna en la frente?

¿Puede un atleta superar sus propios límites y lograr la
armonía entre cuerpo y mente?

Iván Nesteruk no es un atleta, tampoco un ultramaratonista.
Es un superhéroe sin capa que en poco tiempo cruzó la frontera de la normalidad,
venció a sus miedos y deja como legado que nada es imposible.

“Yo tuve mucha constancia”, dice, como si eso sólo alcanzara.

Largada en el Obelisco.

El 17 de noviembre el zarateño completó corriendo los 246 kilómetros
que separan el Obelisco en la Ciudad de Buenos Aires con el Santuario Nuestra
Señora del Rosario de San Nicolás. Carrera denominada Ultra Desafío que emula a
la clásica Spartatlon que se disputa todos los años en Grecia.

Iván Nesteruk sabe de sacrificios. Egresado de la escuela técnica rápidamente ingresó a trabajar en fábrica. Turnos rotativos, trabajo físico, noches sin dormir. A los 20 años tuvo a su primera hija, Lucila, y tuvo que madurar rápido y cambiar prioridades.

Hasta ese momento el deporte había ocupado un lugar
importante en su vida, pero era más que nada un espacio para socializar y
compartir tiempo con amigos. Tras el nacimiento de “Lulú” alternó las
actividades frenéticas de un padre primerizo con algunas horas semanales de
gimnasio.

Con un poco más de tiempo libre y su hija ya escolarizada,
David Virjan lo invitó a participar de algunos entrenamientos de boxeo en el
gimnasio de Iván Bustos. Quedó encantado y sus próximos 6 años se los pasó ahí
dentro, siguiendo el exigente entrenamiento que requiere ser boxeador.

“En un momento me
entrenó el papá de Emanuel Cusolito, me hizo debutar en peleas amateur, era un
tipo que la tenía muy clara, no fui muy bueno, las peleas que tuve fueron
duras, las sufrí incluso con una quebradura de tabique, aprendí lo duro que es
el boxeo y con 32 años me di cuenta que tenía que buscar otro deporte”,
confiesa
ahora. Quizás, esos años arriba del ring le enseñaron a llevar más lejos el
umbral del dolor. Lo pienso ahora, cuando me cuenta que en cada ultramaratón en
la que participa se les estallan todas las uñas de los pies. Es literal: pierde
todas las uñas de los pies.

Alejado del boxeo, con su segunda hija muy pequeña (Sofía), en 2013 buscó refugio en un gimnasio donde existía un grupo de running. Allí lo conoció a Leo Taborda que era el profe del equipo y que se convertiría en su entrenador e inseparable compañero de aventuras.

Junto a Lili, esposa y pieza fundamental en la logística.

Mi primera carrera
fue una de aventura en Río Luján que me encantó, nos divertimos mucho”,

recuerda. Tenía que correr 8 kilómetros y como se equivocaron de camino sólo
hicieron 3.

El running vivía su momento de auge y Nesteruk comienza a
participar en algunas carreras de calle, ahora más seriamente. “La emoción que sentís cuando estamos todos
en la largada es increíble, se te pone la piel de gallina, en la largada de mis
primeros 10k, que fueron en Campana, sentí que quería hacer este deporte para
siempre
”, confiesa.

Tras varios años participando en carreras de 10k, 21k e
incluso en maratones de 42k, en las cuales nunca se destacó por ser rápido (“Siempre supe que no iba a ganar una carrera,
para eso tenés que formarte desde chico, aprender técnica, todas cosas que yo
no tengo”)
de casualidad en un entrenamiento, mientras recorrían ida y
vuelta la avenida Costanera, se enteró por otro runner que había carreras más
largas que las de 42  kilómetros.

Sólo bastó que se lo comentara a Leo Taborda para que a las
pocas semanas estuvieran realizando la primera carrera participativa “Zárate
Une”. Correrían desde Zárate hasta Luján con un fin solidario.

Y ya no pararon.

Zárate Une se hizo hasta Baradero e Ibicuy. Y con Taborda y
otros integrantes del equipo “Trotamundos de Zárate” comenzaron a participar
del circuito de carreras de ultramaratón argentino, donde Nesteruk, Taborda y
este año Romina Scoglia, lograron varios podios y comenzaron a tener nombre
propio en el mundo de los ultramaratonistas.

En el 2019, Iván Nesteruk fue 4° en 100 km Caballeros de la
Ultramaratón de Formosa, logrando el tiempo necesario para participar del
Spartathlon de Grecia. Y en Río Hondo corrió 180 km en 24 horas y obtuvo el 2°
lugar en su categoría y 8vo en la general.

Y dejó energías para afrontar en noviembre la Ultra Desafío. Como parte de la preparación participó de la maratón de Buenos Aires, donde registró su mejor tiempo: 3 horas 18 minutos. Una hora más lento que la elite de keniatas, pero mucho más rápido que el común de los mortales, que suele completar los 42 kilómetros en más de 4 horas.

Llegó el día. Nesteruk junto a Taborda y el equipo de apoyo
organizaron el minuto a minuto de la Ultra Desafío. Qué tomar, qué comer, en
qué momento cambiar de ropa, cuándo cambiar las zapatillas, quién lo
acompañaría en cada tramo del recorrido, cuándo descansar, cuándo recibir
masajes.

“El sábado 16 de
noviembre largamos 7 personas desde el Obelisco, yo sabía que sólo podía
lograrlo si tenía un buen equipo que me acompañara, y allí estuvieron mi señora
(Lili Solda) y Carla Ramos, miembro de la Cruz Roja, que me acompañaron las 36
horas con el auto, donde llevaban comida, ropa y todo el equipamiento médico”,
explica
el atleta.

Otros corredores de Trotamundos (Romina Scoglia, Martín
Musulin y Leo Taborda) lo acompañaron en diferentes tramos del recorrido.

“¿En qué pienso
mientras corro? No sé, en muchas cosas y en nada. Por lo general te distraes
con pequeñas cosas, pero la mente va en blanco”,
responde Nesteruk. Y yo
supongo que logra un estado total de meditación, de felicidad, situación que se
estropea cuando aparece un dolor físico.

Y los dolores aparecen. “Es
mucho tiempo corriendo, y aparecen muchos dolores, pero uno tapa al otro, y así
van pasando”.

Y también hay momentos en los que la mente debe ser fuerte. “Tuve infladas de corazón que te empujan, familia y amigos me esperaron en Campana, en Zárate, en Lima, para alentarme, para que siga. Imaginate, ya corriste 90 kilómetros, soportaste la lluvia, ya te empiezan a salir ampollas y estás a metros de tu casa, es natural pensar en abandonar y huir hacia una ducha caliente”, asegura.

Así lo esperaron en Zárate amigos y familia.

Ese sábado largaron puntualmente a las 5 de la mañana desde
el Obelisco, y a las pocas horas de iniciado el desafío comenzó a llover. Y con
la lluvia llegó el frío. Y con el frío el peligro de la hipotermia, causa que
había obligado a abandonar a muchos corredores en las ediciones anteriores,
incluso a Leo Taborda en 2017.

En Zárate Nesteruk tuvo una inyección anímica que lo ayudó a
superar ese primer escollo mental, que era dejar atrás a su ciudad tras haber
sufrido lluvia y frío. Pero por delante tenía otro mucho más difícil: la noche.

En Lima comenzó a acompañarlo Leo Taborda. El objetivo era
que no se sintiera sólo en la oscura noche.
“Es importante correr con alguien al lado, pero tampoco es que vas hablando
todo el tiempo”,
asegura Nesteruk.

De los 7 corredores que largaron en el Obelisco, dos abandonaron después de correr 90 kilómetros. Y de los 5 que seguían en carrera, había dos que iban más rápido que el resto y se habían separado del grupo.

Parada en punto de control junto a Leo Taborda.

La noche no sólo es oscura, sino también es fría y
silenciosa. “Cuando parás de noche a
comer o a curarte una herida, todo tiene que ser muy rápido porque te agarra
hipotermia muy rápido”
, cuenta el zarateño. Corriendo al costado de la Ruta
9, con sólo una linterna atada en la frente, escuchando el golpe de la
zapatilla contra el asfalto, el ruido de un motor lejano, cualquier movimiento
extraño genera pánico. “Creí ver una
liebre gigante y gente tomando mate sentada en los alambrados del campo, en el
medio de la nada y en la absoluta oscuridad. Reírnos de lo que creíamos ver fue
un buen mecanismo de distracción para que la noche pasara más rápido”.

Y con el sol llegó el calor. Gobernador Castro era el último
punto de control de la organización de la carrera. Si llegabas hasta ese punto
dentro del tiempo de carrera estipulado era casi como tener la Ultra en el bolsillo.
Pero desde allí hasta el santuario Nuestra Señora del Rosario había aún más de
50 kilómetros que debían superarse con más de 30 grados.

Además, a partir de ese punto el circuito trazado se salía de la Ruta 9 hacia un camino de tierra, más seguro pero más difícil. Iván Nesteruk explica que cuando no hay un punto de referencia visto con anterioridad y no se conoce el camino, la mente se estresa más, hay mayor ansiedad y se consume más energía que la prevista.

Carrera terminada y abrazo con uno de los organizadores.

El zarateño ya llevaba más de un día corriendo. Había
superado a la lluvia y a la noche, pero se avecinaba un tercer escollo: el
sueño.

“Me dormí, iba
pestañando cada vez más lento y en un momento abro los ojos y vi el cielo y
cuando los volví a abrir la tierra del camino se me venía encima. Ahora me río,
pero en ese momento fue terrible, estaba cansado y con mucho sueño”,

asegura el ultramaratonista.

A los pocos metros de ese trance sonámbulo lo esperaba su
señora con un café bien negro.

A partir de entonces, la estrategia fue correr 400 metros y
caminar 100 para seguir avanzando y ganando terreno.

“Cuando entramos a San
Nicolás nos perdimos, pero ya no me importaba nada, sabía que lo había logrado
y ver la Catedral, llegar, que te brinden el último aliento, es una emoción
terrible”.

Iván Nesteruk llegó 3° después de correr ininterrumpidamente 34 horas y 32 minutos. Los restantes finalistas fueron Germán Cordisco (31:46 hs), Martín Casanova (33:35 hs), Betiana Pintener (34:33 hs), y Héctor Bengolea (34:33 hs).

Los 5 superhéroes que corrieron 246 kilómetros en menos de 36 horas.

Sin sponsors que le patrocinaran los entrenamientos, la
comida o la ropa; entrenando a la par de los turnos rotativos de la fábrica;
convirtiendo su desafío en una aventura familiar; sin prensa que alabara su
gesta; pero con la convicción de querer superar los límites; de querer enseñar
a sus hijas que sin esfuerzo no hay recompensa; de mostrar que hay muchas
formas de disfrutar del deporte sin querer convertirlo en un negocio; Iván
Nesteruk lo logró y anotó su apellido en las grandes gestas del deporte
zarateño.

Lograr la meta en menos de 36 horas es un desafío que muy
pocos atletas logran.

Iván Nesteruk demostró que no existen imposibles.

Por eso es el Personaje del 2019.

Área18 elige al Personaje del Año no sólo por sus logros deportivos, sino también por su influencia en la sociedad. En el 2016, fue elegido Hernán Barreto. En el 2017 fue Gustavo Puebla. Y en 2018 Javier Velázquez.