Por Kary Grill… Con mucho, mucho esfuerzo terminó el Profesorado en Educación Primaria. De carácter resuelto, fuerte, podría decirse, pero con gran convencimiento sobre su profesión y VOCACIÓN.

Durante años ha sido testigo y protagonista de episodios que han puesto su persona al borde de “la grieta”, pero sigue creyendo, sigue apostando, sigue adelante, a veces con fuerzas y otras sin ellas, porque sabe que el futuro está adelante, que nada de lo ya vivido sirve más que como experiencia.

Así transcurren sus días. un poco en el aula y otro en casa, donde sus pensamientos giran y giran entorno al aula, a los “nenes”, a sus “Peques”, como les llama con cariño.

Entre mate y mate ceba con mucha azúcar los trabajitos para Santi. Uno un poco más amargo le pone un 6 a la tarea de Ciro y le duele, porque ella quiere que él aprenda, que salga de la oscuridad, pero ella sabe que le faltan herramientas para trabajar en la “inclusión”, porque “pusieron la carreta antes de tener los caballos”…

El profesorado no preparó a NADIE para la inclusión! A NADIE! Así que empieza otra carrera, algo que la ayude a comprender por qué a sus peques les cuesta tanto el vínculo, por qué no pueden concentrarse, por qué no aprenden a NO golpearse, etc., etc.

En la escuela, los padres se quejan porque “la maestra tiene el carácter fuerte” Los directivos hacen actas y actas escuchando al padre que preocupado por el bienestar de su hijo se acerca a quejarse de “la maestra”, mientras ella guarda el relato del niño que vio a su padre caerse a golpes con su hermano adolescente.

Otra madre se queja porque “la maestra” les muestra videos y les habla de Educación Sexual integral, otra va una, tres, cinco veces a la escuela a quejarse porque la maestra retó al nene que “no hizo nada”, cuando en verdad el nene estaba a los golpes con otro compañero y la maestra los separó y los directivos siguen haciendo actas contra “la maestra” y le recuerdan que “no es importante que los chicos tengan la carpeta completa, porque lo que importa es que el chico esté en la escuela”…

En el instituto escucha muchos profesores hablar “del docente” y a menudo se oye en la clase “La culpa es de la maestra!” “Es la maestra la que no sabe qué hacer con el pibe!”. “La maestra no quiere trabajar, no colabora con el equipo!”… Y tal vez sea verdad, tal vez haya maestras así, pero no es ella…

Ella sufre, se muerde y se traga las lágrimas sentada en su banco, porque ama su trabajo y quiere superarse para dar lo mejor de sí. Y le pesa el cansancio y las horas que tiene encima, las hora que le roba a su familia, las horas que NADIE ve y por las que no se labra ningún acta…

Va a la escuela y con entusiasmo pregunta “¿trajeron el equipo de geometría que pedí la semana pasada?”. Todos dicen que sí, excepto un nene, el hijo de la Sra. que fue una, tres, cinco veces a la escuela a quejarse de “la maestra”. Él se encoge de hombros y dice que no lo tiene y con un gesto de absoluto desinterés dice que no le importa… En ese instante, pasan mil respuestas por la cabeza de la seño, pero no dice nada. Se siente con bronca porque no quiere que la mamá del nene vaya otra vez a la escuela, así que lo mira y le viene a su mente “la grieta”.

Esa grieta de la que todos hablan, no está en la política! Está entre ese nene y su maestra, está entre ese nene y su madre. Esa grieta está en cada uno de nosotros. Está en los que permitieron que hoy la palabra de un docente valga menos que un centavo. Está en los que eligen la profesión por una salida laboral y no tienen vocación. La grieta está en la falta de empatía, en las ganas de “hacer trizas” al otro.

La grieta está en TODOS y si no hacemos algo con nosotros mismos, en cualquier momento, nos traga…